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23 de agosto de 2020

Cuaren-cena dulce y saludable

 Bitácora de recetas en cuarentena #1

Es fin de semana y tengo ganas de cenar algo dulce y saludable. Estamos en pandemia, con un virus universal rondando por las calles. Es como cuando daban gripes grandes de temporada.

Mi mamá siempre nos daba cuando llegaba la gripe del año,  una receta implacable, que no sabíamos si nos gustaba o no. Resume todos los sabores.

Decía,

-La miel es un antibiótico natural, sube las defensas,

-El limón es un antiséptico natural, además tiene mucha vitamina C, para las defensas

-El jengibre es bueno para el sistema respiratorio,- y por último, nombraba a su héroe:

-La sábila es buena para todo, desinfecta, desinflama, cura

Con esas cosas hacía un hervido en leche y nos lo daba. Siempre. Yo tengo en mi casa y l uso con frecuencia, los cristales de la sábila. Sirve para quemadas y para problemas gástricos, al menos en mi caso. Ya he publicado antes, cómo sacarle el yodo amargo a la penca de sábila antes de su uso.

Con eso, decidí hacer un topping para una panqueca, pero hecha con harina (Pan) de maíz, libre de gluten.

Receta:

Ahora hago las cremas como si hiciera mayonesa. En este caso con bajo aceite. He usado un procesador de alimentos, el que mezcla cosas en un vaso grande y parece una licuadora de mano

Sale al final del tamaño de 250 cc, mas o menos

Ingredientes:

-1 huevo a temperatura ambiente. Lo lavo muy bien con jabón antes de abrirlo

-3 onzas de miel

-1 onza de aceite de maiz

-el jugo de dos limones amarillos medianos

-5 cucharadas de arroz cocido, bajo en sal

-pizca de sal

-3 cucharadas de azúcar

-un cuarto de cucharadita de jengibre

Coloco primero el arroz al fondo. Le agrego la sal, el jengibre, el azúcar. Luego los líquidos o geles. Por último el huevo. Licuo suavemente de arriba hacia abajo para que primero se forme la alianza entre los aceites y la albúmina del huevo. Luego mezclo firmemente el arroz a la mezcla hasta obtener un resultado pastoso.

No lo hice con la sábila esta vez, pero a la próxima le agrego al menos dos cristales crudos. El huevo está crudo y siempre me queda la duda, pero estimo que el limón y la sal, hacen su trabajo, al igual que el vinagre con la mayonesa.

No es lo mejor que he inventado pero sabe rico, y además entiendo que es saludable en estos tiempos que corren. Sabe a limón dulce. Lo endulza el azúcar y la miel que se siente tiempo después de comer un trozo. Mas allá, la sensación del picante del jengibre y su olor. 

Ojalá les guste,


Alberto



19 de mayo de 2020

Huevillo de auyama y cambur



Se parece a un quesillo o a una torta de pan, pero no tiene leche ni pan. Si lleva huevos, así que le pondré huevillo como nombre.

Resulta que se explotó el hornito eléctrico con las caídas de electricidad que hay en mi país. Ese día teníamos electricidad. El horno de gas es muy grande para una porción pequeña y además debo hacerle mantenimiento. En este encierro que hemos llamado cuarentena, que ya va por sextena, he tenido la suerte de contar con gente maravillosa que cuando va a hacer mercado, me llama y me pregunta si necesito algo. Ese “algo” depende de lo que haya en esta escasez y en el criterio del que compra.

La última vez dije que entre las cosas que necesitaba era, “un trozo de auyama madura”, pero me llegó media hortaliza. Era grande. Hice sopa, auyama salteada, puré de auyama y todavía me queda un gran pedazo. Es así, como siendo dulce esta hortaliza, que decidí hacer un postre. Tenía huevos, un poquito de azúcar, varios cambures pintones y especias.
Me recordé un poco de la torta de pan y decidí emprender una nueva receta:

Cantidad: Mi molde mide 20 cm de diámetro. Da para ocho porciones. (U ocho porciones para uno solo…ojalá me dure)
Ingredientes: (La medida es la taza de café con leche)
·         Tres tazas de puré de auyama
·         Dos cambures para endulzar
·         Tres cucharadas de azúcar para el topping
·         Tres huevos medianos
·         ½ taza de harina pre cocida de maíz tipo harina PAN
·         No tenía vainilla, le hubiera puesto
·         Dos cucharaditas de azúcar para la mezcla
·         ½ cucharadita de canela
·         Pizca de jengibre en polvo
·         Pizca de sal

Lo que hice:
Primero se colocan tres cucharadas de azúcar en el molde a fuego alto, hasta llegar al color ámbar, “a punto de caramelo” y reservo hasta enfriar.
Se hierve la auyama picada en dados, hasta quedar blanditas y con un toque de sal. Al enfriar se hace un puré junto con los dos cambures. Quise hacer una receta libre de gluten y bajo en azúcar, por lo que usé lo cambures que endulzan mucho y además le puse dos cucharaditas de azúcar adicionales. (El cambur endulza pero se roba el sabor de lo demás. En otra oportunidad le pondré solo un cambur y una cucharadita más de azúcar)

Se agregan los tres huevos enteros al puré hasta unificar. Por último la harina de maíz. Debe quedar como espesa por lo que se puede ajustar la harina. Hay que esperar porque la harina absorbe agua y se seca con el tiempo. Si se pasa de espeso, lo disuelven al punto otra vez, con leche. Yo no lo hice.

Ya, sin horno, recuperé una vaporera  Oster que tengo y lo dejé cocinando al vapor durante una hora.

Es resultado es fantástico. Es una receta de magia blanca y dulce. La recomienda mi alter ego cocinero,  Jencaaz. (Jengibre,canela y azúcar)

!Buen provecho!

Alberto

13 de abril de 2020

Confiture de zeste de légumes


La escasez y la cuarentena tienen algo que ver. Nos hace resilientes y creativos. De repente nos provoca comer algo dulce pero nos damos cuenta que lo que hay en la nevera es un poco de azúcar.

Debido a la cuarentena y por estar en un grupo de mayor riesgo, una vecina me avisa cuando va al mercado y me pregunta que necesito. Eso ha hecho que no salga de mi casa en 30 días (hoy un mes), pero debo a acostumbrarme a lo que a ella le gusta, aunque le haga una lista. Me trae muchas más hortalizas de lo que usualmente compro. (Eso ha sido bueno pues en vez de engordar he rebajado de peso).  En estos tiempos además, de hiperinflación uno debe ser eficiente con el uso del dinero; y la verdad que los vegetales son una opción saludable y no tan cara. Además que lo que cocine me debe rendir más o menos hasta el otro sábado. Entonces, hoy hice un guiso de carne molida con vegetales; una suerte de plato que es estupendo como sopa, como topping de una pasta o con arroz de acompañamiento. Así, todos los días como lo mismo, pero diferente. Ya casi no me doy cuenta.

Hoy muy temprano, me dispuse a pelar los vegetales u hortalizas. Tenía papas, auyama, calabacín, plátanos maduros, pimentón, berenjena y zanahoria. A excepción de la piel de la papa, el resto lo coloqué en una bolsa aparte, quizá pensando en un compostero como abono, o que se yo. Era mucho lo que iba a botar. Me acordé que mi tía Maruja hace postres con la cáscara de la naranja y que mi sobrina América lo hace con la concha (cáscara) de la patilla. Entonces decidí arriesgar el poco de azúcar que tenía,  en un postre, (como quién va a hacer un dulce de lechosa). Todo picado en julianas medias, con agua, sal y una taza de azúcar. Se cocina hasta hacer almíbar. Le puse un pedacito de concha de limón para perfumar.

Les cuento que es un dulce estupendo hecho con todo lo que botamos. La prueba la hice como en la foto, con un camburcito amarillo picado en ruedas con el melado encima. Adorné el plato con pasta de cacao. Con el resto hice, en un procesador, la mermelada de vegetales. La puedo comer ahora como merienda en galletas o pan tostado con mantequilla. Los vegetales se deben lavar muy bien antes de pelarlos.

¿Qué nombre le pongo?

Pues como son sobras tiene que tener un nombre que anime a prepararlo y evite que botes las cáscaras de las hortalizas. ¡Pues debe tener un nombre en francés!  Los nombres de las cosas en francés suenan mas ricos, como por ejemplo,

·         purée de pommes de terre, es puré de papas
·         omelette, es una tortilla de huevo
·         Quiche lorraine (Kish lorrain), es una base de masa partida con un huevo batido con crema de leche, un poco de pancheta o tocineta, sal y pimienta

Entonces, a este plato dulce le puse,

Confiture de zeste de légumes, (mermelada de cáscaras de hortalizas)

Yo creo que era como un kilo de cáscaras diversas. Le puse agua hasta tapar, un poco mas de una media taza de azúcar o al gusto, pizca de sal, media cucharadita de jengibre, pizca de nuez moscada y pizca de clavos de olor. También le puse al melado, una cucharadita de vainilla y una cucharadita de canela. No creo que debamos botar estas partes de la hortaliza si le podemos dar otro uso.
Buen provecho.




19 de marzo de 2020

Telitas dulces de maíz


Los venezolanos comemos arepas; más aún en la condición de cuarenta en la que vivimos ahora en marzo de 2020. Las arepas son un plato tradicional que se hace con harina pre cocida de maíz, sal y agua y se cuecen en sartén o budare hasta quedar tostaditas por fuera. Su magia, también reside en los rellenos. Es parte de la venezolanidad; las mezclas de olores, sabores, texturas y colores.  Las clásicas, se rellenan con queso blanco rallado o con guisos de carne o de pollo. También las hay de granos o frijoles negros (caraotas) con queso blanco (dominó), o la reina “pepiada” con pollo, aguacate y mayonesa. En fin, cualquier cosa es buena para el relleno.(Pepiada es como chévere en venezolano)

Las arepas también tienen variantes; con la misma masa se pueden hacer fritas, a la plancha, a las brasas, en budare. También hay variantes según la región y entonces se pueden ver mezcladas, grandes, redondas con hueco en el medio, o las llamadas telitas. Cuando un venezolano va a una arepería, el asistente le pregunta, 

-“Le saco la masa?”, o también, -¿”Con o sin mantequilla?. 

La gente mayormente prefiere que le saquen la masa para que entre mas guiso. Con la masa no funciona. Por años he pensado ¿qué uso se le podría dar a la masa que se saca y posteriormente se bota?. He pensado en freírla, como “chicharrón de masa”, (queda muy grasosa pero rica), reamasarla en otra nueva arepa, mezclar con huevo y freírlo (ese sabe bien), o agregarle salsa de tomate y pensar que son ñoquis…(ese también me gustó). Pero nadie lo hace. Los restaurantes de arepas podrían inventar con la masa que botan.

En estos días de encierro y sin pan en la alacena, he tenido que comer muchas arepas pero hasta que se me acabe la masa. Me acordé entonces de las telitas de mi amiga “Guachamacoli” (traduce del inglés, “como lo llamas”, What are you call it), o también “la morocha” como la llamamos también, casada por supuesto, con su morocho. A veces nos llama para invitarnos a cenar “telitas”. Las telitas son arepas muy finas que un cuchillo se pueden picar por la mitad y ser rellenada con cualquier cosa. Lo bueno es que no se pierde nada de masa. Ella definitivamente lo hace con un amor tal, que podría ser comparado con comida de dioses. (Dioses areperos)

Amasaba con mucha paciencia y por más de media hora la harina de maíz, hasta que quedara en un punto exacto de consistencia. La aplanaba con sus dos palmas dándole giros a la arepa que se formaba, donde sus tres  dedos centrales de la mano izquierda se cerraban para garantizar la circularidad del producto.  No tendrían más de medio centímetro de espesor, y así las colocaba en una plancha muy caliente para que se formara la concha externa crujiente; las tomaba amorosamente con las manos sin quemarse, para lanzarlas en las rejas del horno, donde terminarían su cocción. Y con todas en el horno, las colocaba en  una cesta de paja, con una servilleta blanca de lino y algodón bordada en las orillas que al ser colocadas en ángulo, permitia que las tres puntas se cerraran en el centro para mantener el calor y el aroma.

En la mesa habían todo tipo de quesos, rellenos, salsas, mantequillas y untables. Cada quién comía lo que le era más propio; su propio relleno, su propia mezcla maravillosa. Comíamos todos, lo mismo que había en la mesa, pero la verdad es que nadie comió lo mismo nunca. Es una danza maravillosa del compartir de la familia, y que Dios mediante volveremos a celebrar. Entiendo que el Ajiaco colombiano de alguna forma, comparte esta tradición, donde cada quién termina de preparar su propia sopa. Mi padre era así con sus cenas; cada bocado era distinto al otro.

Pues de tanto hacer arepas en estos días, y con la metáfora de que son redondas y son ciclos que seguramente terminan, fue que pensé en hacer mi propia versión de las telitas. Pero no cualquier telita, esta debería ser hecha en el núcleo familiar, por lo que debería ser divertido para niños, ser suculentas, tostaditas y preferiblemente dulces. Otra premisa es que no se le botara masa al ser rellenada. Esta receta dulce, para hacerla con nuestros hijos o nietos en la cuarentena, puede ser rellena con salado o con  dulce. Si va a rellenar con salado no le coloque azúcar a la mezcla.

Me recordó los días que hacía panquecas (pancakes) con mi madre en la cocina de atrás de la casa, que era como un patio de la vieja casa, al que ella le mandó a hacer un techo de madera. Allí construyó su templo mágico. Lo único era que cuando llovía con brisa, había que entrar un tiempo.(O sacar un paragua)

Entonces, resumo lo que llevamos y hagamos magia. Haremos una arepa tostada que permita ser doblada sin quebrarse, que se pueda rellenar, que sepa rico, que sea divertido hacerla y preferiblemente dulce. Hice muchas pruebas y versiones. Las hice con camburcitos pasados por fuego, con vainilla y canela, con queso crema, con cacao en polvo y otras variantes. Creo que para compartir algo con ustedes, le doy la versión que más me gustó. No pude hacer estudio de mercado y darle a probar a mucha gente como es usual. Voy.

Telitas dulces de maíz con relleno de cacao criollo

Ingredientes
Las telitas:
·         Como una taza de harina de maíz precocido
·         2 ó 3 tazas de agua (ya no se acentúa la o, pero da miedo que piensen que son 203 tazas de agua)
·         3 cucharadas de harina de trigo
·         Pizca de sal
·         1 cucharadita de polvo de hornear
·         2 cucharadas de aceite
·         1 huevo grande
·         2 cucharadas de azúcar
Un pote de 250 gr de queso crema, preferible sin sal (Si no hay, he usado crema de leche pero no es lo mismo)
·         3 cucharadas de cacao en polvo
·         2 cucharadas de chocolate en polvo
·         5 cucharadas de azúcar impalpable
·         1 taza de nueces pulverizadas en licuadora
·         1 cuchraradita de esencia de almendras o de vainilla
·         una cucharadita de leche
·         pizca de sal
·         opcional: cambiar el queso crema por leche condensada o por arequipe

Se mezcla bien el queso crema con el azúcar, la vainilla, el cacao y el chocolate en polvo. Luego se agrega una cucharadita de leche completa y por último las nueces molidas. Se revuelve bien hasta hacer una masa espesa, compacta y todos los materiales se hayan mezclado bien.

Secreto: Si tostamos muy ligeramente las almendras antes de licuar, activamos los aceites internos y se espesa mejor. No conozco la química del proceso, es solo ensayo y error
Desde las emociones positivas de la Psicología Positiva pienso se activan muchas emociones positivas, sobre todo si se hacen con los niños. Se activan fortalezas de carácter como el interés, la curiosidad, el amar, y todo los que se hace en grupos.

Opción 2 del relleno o toping:
Como se hace en familia, se pueden hacer dos o tres topping incluyendo en de camburcitos “pasados”. Se colocan tres o cuatro camburcitos muy maduros en un sartén, se coloca agua hasta que tape la mitad de un cambur y se agregan como 5 cucharadas de azúcar, con vainilla y canela. Se deja que se evapore el agua y quede como melado. Luego se hace puré con un tenedor.
Otra opción es igual pero con fresas (Strawberries)

Cocción de las telas:
Precaliente a fuego alto un budare o sartén engrasado. Previamente mezcló todos los ingredientes secos e hizo una pasta de igual consistencia que las panquecas, muy espesa sin ser líquida. (La consistencia del atol) La harina de maíz a diferencia del trigo, va absorbiendo agua con el paso del tiempo y se seca, por lo que quizá deba agregarle más agua.

Se coloca con un cucharon, una porción en el budare y la mueve  para que se extienda o lo hace con el mismo cucharón en forma circular. En poco tiempo comienzan a salir burbujas, queriendo decir que se deben voltear.  Si queda poco cocida se puede voltear otra vez. Se colocan en un plato y se llevan calientes a la mesa. Las que sobren se pueden comer frías como merienda con o sin relleno

Estas telitas han sido mi acompañante en tiempos de cuarentena. Dios nos bendiga. Cómanlas saladas también

Alberto

31 de julio de 2019

Arepitas dulces con mayonesa de cacao criollo

(o con panquecas...)

Esta receta nace de tanto hacer mayonesa en la búsqueda de  encontrar la consistencia perfecta. La mayonesa, a mi entender, es un mágico equilibrio de huevo, aceite, sal y vinagre. Le agrego especias y ajo. La consistencia, aún es mi dolor de cabeza, pero he obtenido el resultado perfecto agregando dos cucharadas de arroz blanco a la mezcla. (Mi licuadora ya está medio viejita)


Hoy quería comer dulce. Tuvimos un evento docente que quedó perfecto y estimé que merecía un consentimiento. Como siempre, en mi nevera están las cosas justas, como para que no se dañe,(la nevera), y para que yo no engorde.

-¿Qué tal una mayonesa dulce de cacao?, pensé

–“Puede ser”, dije

 -¿Con que me comería una mayonesa dulce de cacao?, pues con arepitas dulces. (Luego de publicar me di cuenta que le queda mejor a las panquecas. Tienen las dos opciones)

Las arepas es el plato típico venezolano. Se hace con harina pre cocida de maíz, tipo Pan. Esta vez le agregamos anís y papelón  líquido  a la masa y en vez de llevarlas a la plancha, las hacemos fritas. Luego las colocamos en un plato con papel absorbente para que queden secas.

La mayonesa inventada, (no sé si existe, ya que como cosa rara, no tenemos internet en Caracas, para comprobar), se hace como la normal.

Ingredientes:

Melao de papelón:
·         1 papelón cuadrado
·         2 tazas de agua. Se coloca en fuego medio hasta que se disuelve. Se espera a que se enfríe
Arepitas
·         Para una taza de harina de maíz, ¼ de harina de trigo
·         ½ taza de melao de papelón
·         Pizca de sal
·         Agua para amasar
·         1 cucharadita de anís en polvo
·         Aceite para freirlas
Mayonesa
Yo uso un franquito que se le adapta las hojillas de la licuadora.
·         1 huevo a temperatura ambiente. Yo lavo muy bien el huevo con jabón; uno sabe por dónde sale y lo vamos a usar crudo
·         4 onzas de aceite. Acá no usamos onzas pero tomé una muestra y da como 75cc
·         3 cucharadas de azúcar
·         4 cucharadas de cacao criollo en polvo
·         1 pizca de sal
·         1 cucharadita de vainilla
·         Dos cucharadas de queso crema
·         Dos cucharadas de arroz blanco cocido, no crudo. Sin aliños

Se licúa hasta que se forme la mayonesa. Se sirven las arepitas dulces de anís (o panquecas de harina de trigo), con la mayonesa al lado. Es una buena idea para merendar o para un desayuno de fin de semana.

 ¡Buen provecho…!

Nota final: Lo mejor con esta receta son panquecas de trigo, con la mayonesa de cacao y con trocitos de cambur maduro. !Súper...!

10 de marzo de 2019

Caracas Blac-Bin-kei (Black Beans Cake)


Caracas es la capital de Venezuela. Acá convergieron dos grandes culturas, la española que llegó y la indígena, que estaba.  De esa fusión, apenas es que el mundo comienza a conocer. La hallaca es un plato conocido formado por masa de maíz que es de América con un relleno de carnes, pasas y aceitunas con la sazón española. También tenemos el llamado “Pabellón criollo” formado por carne desmechada, arroz, caraotas o frijoles negros y tajadas de plátano maduro, (banana). En ambos casos conviven los distintos sabores y en especial, lo salado y lo dulce.

Es costumbre caraqueña agregarle “un toque” dulce a la comida salada, ya sea en el guiso de la hallaca o en los frijoles negros. Es normal ver a los comensales tomar el frasco de azúcar y espolvorearle azúcar en el plato de la comida. Pues, “a la usanza caraqueña”, todos los que cocinamos y al lado de sal, tendremos el azúcar, la melaza o el papelón de caña como ingredientes..

Hace unos días preparé caraotas negras. Gente de vieja data me dijo que además del toque de azúcar, le colocara clavos de olor, y comino. Yo inventando, lo agrego melaza de caña en vez de azúcar y esta vez le agregué anís estrellado, que no lleva. El resultado fue unas caraotas dulces, aromáticas, y gustosas. Pero preparé un kilo, así que luego de repartir me pregunté que podía hacer con caraotas negras o fríjoles negros. ¡Pues una torta!

A veces hago las recetas paso a paso como enseñan en las escuelas, pero a veces, lo coloco todo en la licuadora. El orden si importa: (mi taza es una taza de café con leche, no la otra)

Porciones: salieron tres tortas pequeñas y comimos una ración, como 10 personas

1er paso
·         Tres huevos enteros a temperatura ambiente
·         ¾ taza de aceite
·         ¾ taza de azúcar. Se licua hasta que se ponga blanco y cremoso

2do paso
·         5 cucharadas de chicha en polvo o crema de arroz
·         Chorrito de vainilla
·         2 tazas de caraotas negras
·         Media taza de leche completa

3er paso
Se agrega en un bol y se mezcla poco a poco una taza de harina cernida y dos cucharaditas de polvo de hornear y una de bicarbonato. Se precalienta el horno a 380 grados y se hornea por 40 minutos. El resultado es una torta que “se parece” a un brownie en textura y color, y además se formas tres capas diferenciadas; dos de ellas, arriba y abajo, mas crujientes. El sabor es indeterminado aunque se siente el frijol, pero es gustoso, cremoso y aromático. Tiene mucho que ver con nuestras costumbres caraqueñas. Por eso dicen que los venezolanos somos tratables… y dulces.

3 de enero de 2019

Cremas. Tres vacas/caraotas negras

El sábado tengo un desayuno. Generalmente llevamos cosas. Ya preparé la Paledonia o torta de papelón, que se encuentra descrita en los cuentos de magia blanca, y dos cremas, que narro a continuación;

Crema tres vacas

Se llama tres vacas porque he usado quesos provenientes de la leche de la vaca, de la búfala y de la cabra o de la oveja. Es muy fácil de hacer, un poco costosa, pero rinde mas de un litro y cuando uno compara con lo que cuesta las cremas de queso de untar, vale la pena, Lo primero es ir al mercado con algo de dinero e inspiración. Esta crema tiene varias versiones y he publicado algo  antes, pero esta de 12 patas quedó "publicable".

  • Queso de vaca. 250 gr de queso duro de año. (Queso salado criollo, lo llaman acá). También podemos usar algo bajo en sal a los que tengan problemas de tensión
  • Queso de vaca. 200 gr de queso Cheddar. (Mitad al licuado y la mitad al cocinado)
  • Queso de búfala. 200 gr. Queso cremoso "tipo telita", muy blando
  • Queso de cabra. (Oveja) 100 gr de queso rallado tipo Manchego español
  • 1 litro de leche completa
  • 200 gr de zanahoria picada hervida a blanda
  • pizca de sal
  • Cucharadita de salsa de soya (soja)
  • Cucharadita de salsa de ajo
  • 1/2 cucharadita de comino
  • 7 cucharadas rasas de maicena (Fécula de maíz)
  • 3 cucharadas de margarina
Como se hace

En la licuadora se coloca la mitad de la leche con la maicena, la sal, los sabores, la zanahoria y se licua. Se separa. Con la otra mitas de la leche se licua el cheddar, y el queso salado. Se junta y se revuelve.

Se cocina a fuego medio hasta que comience a espesar, entonces le agregamos el queso manchego rallado y se revuelve. Ya espesa la mezcla se le agregan las cucharadas de margarina o mantequilla y el queso cheddar picado en trocitos pequeños, para que la ponga "untuosa", brillante y cremosa. Esta maravillosa mezcla hace "hilos" del queso fundido. Al medio enfriar se coloca en envases y va a la nevera. Se usa fría, para que termine de endurecerse. Queda como una crema. 

Crema Dominó: Crema de caraotas negra o de frijoles negros con queso
Se preparan las caraotas a la usanza de cada país. En Venezuela le agregamos un toque dulce a casi todas las comidas. A las que yo preparo le agrego un trocito de papelón o una cucharada de melaza y un toque de comino.  Pueden usar cualquier queso pero yo usé la mezcla anterior para hacer esta receta.
  • 1/2 taza de caraotas negras cocidas y en su punto
  • 1/2 taza de la crema tres vacas
  • toque de comino
Se coloca en la licuadora y se mezcla. En Venezuela tenemos el plato típico que se llama Arepas. La variedad inmensa está en su relleno. Cuando se rellenan con caraotas negras y queso rallado salado criollo, las llamamos "Dominó", que recuerda a una pieza del juego de mesa que es blanco y negro, o como aquella canción del Beatle, "Ivory & Ebony" (side by side on my piano...), lo que recuerda que el encuentro y la tolerancia entre los seres humanos, es posible.

Estas cremas se pueden comer en sándwich, arepa, galletas; pero lo mejor, es usarla como base al hacer pasta. Luego se le agrega la salsa que quieran encima.

Esta receta es de salados pero tiene dulce, así que la pueden publicar mis amigas de dulcear.com  

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Nota: La foto es de mi profesor de fotografía, Carlos Arvelaiz, en su tierra, en su origen. La tomé de su página en Facebook, en enero 2019. 

18 de mayo de 2018

Capítulo final. Recetas de magia blanca y dulce: La Esperanza


Ese día el abuelo Jencaaz había amanecido inquieto. Daba vueltas por la casa vieja haciendo que la madera crujiera tras cada pisada. A lo lejos, la gente escuchaba como una letanía formada por sonidos sucesivos Los clavos de la madera hacían su parte y agregaban al sonido de los pasos, otro más sonoro, metálico y fino. Agloj lo escuchaba. Trataba de identificar el origen de los sonidos y la sucesión de efectos, en su mente.  Agloj, la pequeña maga, escuchaba con atención y componía con los sonidos, suaves canciones que tarareaba entre sus labios.

Pero con los sonidos, llegaron los olores. Primero fue el olor a mango verde cocinado al fuego con su concha, para hacer el manjar de mango; luego fue el de la guayaba madura que se cocina en agua caliente y se deja vencer ante el calor. Por último fue el olor a papelón; un olor significativo que estaba intacto en su memoria. Agloj salió corriendo hacia el abuelo mago que no detuvo su marcha aun cuando Agloj lo increpó y solicitó respuesta:

-Abuelo, ¿no sientes los olores en la casa?, preguntó

-No hija, no huelo a nada, solo estoy pensando, por eso camino, algo se apresura a pasar y no sé que es, respondió. Agloj pensó también que lo olores que percibía se debían al roce de los pies del abuelo mago contra la madera cansada y rebosada de olores que por años habían estado en la cocina de la casa.

-¿No hueles a papelón?, volvió a preguntar al abuelo

-Los olores que percibimos a veces, están en sintonía con los recuerdos que nos los evocan. Si estamos pensando en alguien ausente, es posible que olamos lo que recuerda a esa persona, explicó

-Mi mamá… dijo suavecito, a lo que Jencaaz le preguntó que había dicho.

-Me huele a mi mamá, dijo casi gritando a la vez que corría a su cuarto en la búsqueda del diario de su madre, que había escondido en su lugar secreto, justo detrás de un cuadro a mano derecha del sillón que usa para leer en las tardes, pues la luz de una ventana en el lado opuesto permite la entrada de la cantidad exacta para no encandilarse o no tener que forzar la vista.

Con mucho cuidado retiró el cuadro, que tenía a dos jinetes montados a caballo y uno a pié. “esos son los tres poetas de la historia”, recordó que decía su mamá. Sacó con mucho cuidado su libro, que ahora brillaba por fuera como si estuviera encendido en fuego. Lo abrazó intensamente y todas las imágenes  de su madre comenzaron a brotar desde su memoria olvidada, inclusive recordó que aquel idioma extraño en el que cantaba canciones desconocidas, era el Esperanto, un idioma creado y nacido a principios del siglo XIX, en la tierra de sus abuelos. Entendió que Esperanto es “espero” en español, y que espero, es esperanza en esperanto. Aquella esperanza que había tenido por años y en la necesidad de recordar lo que había vivido de niña y sabía, le tenía que dar sentido a su vida.

-Todo tiene sentido ahora, dijo con los ojos brillantes cargados de lágrimas que esperan un segundo para brotar.

Entonces abrazó mas fuerte el libro, repitiendo una y otra vez: “mamá, te recuerdo ahora”. Agloj ahora comprendía que todo tenía que ver: su abuelo de jengibre, canela y azúcar, las estrellas de cinco puntas que le pidió el abuelo, sus amigos del bosque que le mostraron los sabores y hasta las espigas del viento y sus atributos… todo cuadraba perfectamente, como un acertijo descubierto. Ahora sabía quién era y de donde venía. Mientras abrazaba el libro de la esperanza, recorría todas y cada una de las páginas de su interior, el diario que su madre había escrito cuando ella estaba en su vientre; el legado que quería dejarle para cuando se diera cuenta que era una maga blanca. No tuvo la necesidad de abrirlo nuevamente porque sabía todo lo que decía, pero con una única excepción: la última página que su madre maga escribió después de ella  nacer.

Agloj hizo exactamente lo que la primera vez dijo que no haría; y era leer la última página de primero. Encontró lo que sabía desde la mañana, iba a encontrar. La última receta de la última página del diario era “la Paledonia de papelón” Agloj en ese momento y en absoluto silencio, pues su abuelo ya no caminaba en el piso de abajo, cerró los ojos y dejó que las imágenes y recuerdos llegaran a su cabeza. Recordó que aprendió de su madre la magia blanca de hacer las recetas; el punto de fuego, el punto de melaza, el punto de mezcla, las grasas y las harinas.

-“Querida Olga, si quieres hacer esta receta mágica, debes preparar primero el melado de caña, lo dejar reposar y es al día siguiente que vas a mezclar los ingredientes”, le decía su madre entre recuerdos.

-Sí.  Mamá usaba un cacharro metálico para mezclar los ingredientes y siempre usaba una paleta de madera. El cacharro era gris con el fondo negro curtido por el tiempo, con un asa roto pero que servía para moverlo de una mesa a otra, mientras que la paleta era como del tamaño de un brazo; me imagino que era para que el calor no quemara-, se decía en silencio

Agloj abrió los ojos que ya habían derramado sus lagrimas, tantas, que el abuelo tuvo que secar las escaleras de madera, pues bajaron por los escalones como las olas y podían llegar a dañar los muebles de la sala. Con los ojos bien abiertos, leyó la última página.

-“Paledonia de papelón”, decía el título escrito con puño y letra. –“Receta de magia blanca y dulce”. La niña leyó muy lentamente la única receta del libro cuyo contenido desconocía. La repasó y la volvió a leer y así nuevamente por horas, hasta que se borraron las letras, de tanto leerlas, quedando blanca nuevamente la hoja. Todas ellas ahora estaban bordadas en el alma de quien ama y recuerda a la vez.

-El mejor homenaje a MT será hacer la receta nuevamente, esa que no conozco. Agloj bajó por la escalera aun húmeda y encontró a su abuelo con el fregador en las manos, con su sombrero negro de pico, su bata blanca y su natural sonrisa. Estaba vestido de mago, como celebrando la ocasión.

-Las lágrimas también son buenas para la tristeza y para el alma, le dijo

El papelón es un derivado de lo dulce de la caña de azúcar que se cocina en grandes pailas y luego se endurecen como piedras. El primer proceso es devolver a la caña de azúcar la liquidez. Agloj consiguió en casa, un papelón con forma de cono, del mismo tamaño de la paleta de madera. Lo colocó en el cacharro junto a cuatro tazas tipo desayuno, de agua. El fuego medio, al hervir el agua, derrite al papelón y lo convierte en un melado dulce, suave, y manejable. Agloj decidió colocar en el hervor, todas las especias que le dieron nombre al abuelo. Le colocó, para cuatro tazas de agua, una cucharadita de canela, dos de jengibre, un cuarto de clavos de olor, un cuarto de nuez moscada y una de anís dulce. Al enfriarse, Agloj filtro la mezcla para retirar palitos, o abejas que caen en la paila, seducidas por el dulzor.

Al día siguiente, se recogen cuatro huevos frescos, de las gallinas del patio de la casa y se colocan con todos los demás ingredientes, sobre la mesa. Primero se le agregan los huevos a la mezcla hasta que todo quede incorporado. Luego, desde una taza llena a ¾ de aceite, se agregan varios chorritos  y la harina de trigo, en forma alterna. Agloj tuvo el cuidado de cernir la harina para que no formara grumos y para que sean absorbidos de mejor manera, los líquidos. Al primer cernido, se le agregan una cucharadita de bicarbonato y dos de polvo de hornear. La cantidad de harina va a depender de lo líquido de la mezcla, así que Agloj recordó como decía su madre:

-“Se le agrega harina hasta que la mezcla haga pliegues al sacar la cuchara del interior”, dijo en voz baja. 

-Esta es la mezcla base dijo, - ahora solo queda trabajar con imaginación.

Agloj sabía que se le puede colocar pasitas, ciruelas, y frutos secos como la nuez o el maní. Esta vez, le puso solo pasitas negras. Luego colocó gentilmente el contenido en un molde y lo cocinó a 380 grados por una hora.

El olor inundó la casa. La masa negra, crece con las harinas y se esponja. Los olores de la melaza de caña junto a las especias, producen sensaciones mágicas en el olfato, y más cuando la probamos.

Agloj decidió celebrar su nuevo cumpleaños e invitó a su abuelo, a la Tía Maruja, y a sus amigos del bosque. En la puerta antes de entrar, los invitados pudieron leer: “Esperanto, espero, esperanza…”

Alberto
PD: estas seis entregas de “Recetas de Magia Blanca y Dulce”, son un homenaje a mi madre, que sin dudas, fue una maga